¿Qué harías si no tuvieras miedo?

Esa fue la pregunta más díficil que me hicieron en el diplomado de Logoterapia que tomo en el trabajo. Y sin pensar la respuesta lo único que me salió de la garganta fue:

- Le llamaría…

Entonces mi encantador instructor me responde.

- Pues llámale…

Y así lo hice, le llamé. Las piernas me temblaban completitas, el corazón me golpeaba para salirse del pecho, en el estómago más de un millón de mariposas volaban entre el hueco.

Uno, dos tonos…

- Bueno…?

Clic, colgué.

Creo que después de todo no sólo es miedo, es pavor. Porque si en verdad no tuviese miedo la historia habría sido diferente, y en vez de colgar le habría dicho:

- Si no tuviera tanto miedo, te diría que me encantas, y que deseo más que otra cosa que me pase algo contigo ¿Y tú que harías si tampoco me tuvieras tanto miedo…?

Publicado en on Febrero 8, 2008 at 2:19 am Comentarios (4)

Temazcalli

Maravillosos seres que compariteron conmigo la mejor experiencia que he tenido hasta el día de hoy, Mil Gracias por el Son Jarocho, el Torito, la Fruta, el Tajín, la Fuerza, los Cantos, el Rezo, el Agua, el Jacalito, el Camino, la Llegada, la Despedida, el Amor, el Sudor, la Cresta de la Ola, la Medicina, el Códice Sensorama, la Tierra Sagrada, el Abuelo Fuego, el Ponche, el Tabaco, la Yerbabuena, el Color, el Calor, la Luz, la Oscuridad, el Renacer, la Siembra, la Cosecha, la Familia que Crece.

 Bendiciones, Abrazos y Besos al Corazón de cada uno de ustedes:

Oli, Lucas, Jocelyn, Julio, Jenny, Félix, Lore, Rodrigo, Indra, Mayte, Edmundo, Libertad, Cuahutémoc, Mariana, Demián, Paty, Chucho, Cynthia, Alberto, Hanna, Delfín, Miroslava, Roque, Pili, Eric, Yohana,Caro, Tomás,Lety, Ale, la Chata (por llevarnos a tooodos),Edwin, Aida, Sergio…

…Y los que me faltan.

Publicado en on Febrero 5, 2008 at 3:54 am Comentarios desactivados

Un viaje sin equipaje

Pues a diferencia de otras entradas en este su blog esta vez me encantaría que conocieran un espacio espectacular donde cuando cierras los ojos comienzas a ver lo que jamás imaginaste.

 Toda la información acá:

http://www.m-x.com.mx/xml/pdf/103/10.pdf

http://www.sensorama.com.mx

Publicado en on Enero 29, 2008 at 1:43 am Comentarios desactivados

¿Así qué?

¿Así qué te crees con derecho a volver de tu viaje intermitente, ese del cual conozco muy bien la fecha de inicio; pero nadie, ni siquiera tú conoces la fecha final, e instalarte en mi vida como si apenas ayer nos hubiéramos dejado a la salida de algún teatro, y no existiera todo el tiempo ocurrido en el que me convertí en mujer sin ti a mi costado;  de llegar a mi casa, deshacer tu equipaje, cenar a mi mesa, y usar mi bañera? 

O peor aún ¿te piensas que tu lado en mi cama sigue añorando que llenes su espacio, que estos meses sin ti los he llorado aquí  sola en casa esperando? 

¿Así qué, no te has dado cuenta que corte mi cabello, que mude tu retrato del lugar que ocupaba en mi mesa de trabajo; no te has percatado que me resulta indiferente lo que tengas que contarme del mundo de afuera al que te has aventurado? 

Es una lástima, pero parece que no. Que te has esmerado en dejar de notar lo mucho que he cambiado, que ahora este es mi espacio, que yo soy mi mujer. Y hoy que vuelvo con ánimos de tomar una ducha, de cenar delicioso, y de dormir como nunca, en toda mi casa a la cual has entrado como si aun fuera de ambos: Sólo tú amor mío, me resultas extraño. 

Publicado en on Enero 6, 2008 at 5:19 am Comentarios (3)

Razón Suficiente

Cándida siempre fue una crédula, desde que era muy niña creyó siempre en todo lo que la gente le contaba. Era invariablemente incapaz de poner en tela de juicio lo que alguien que llegara al rancho le contara, como si cada persona que regresara de haber visto el mundo que había detrás de los cerros de la comunidad de Las Tortugas, fuese dueña de una verdad irrefutable. 

De todos modos, pensaba Cándida, ellos saben más que yo y que ninguno de por acá. Aquellos que tenían la fortuna de salir del pueblo, como todos le llamaban a su pequeña comunidad entre cerros, a unos cuántos kilómetros de Santa María del Río en Sn. Luis Potosí; regresaban siempre llenos de historias para contar de lo que pasaba en  San Luis, en Santa María, en México, o mejor aún, del otro lado. Así que la pequeña Cándida y sus hermanos, esperaban siempre la temporada de las heladas para que regresaran los que se habían ido, a celebrar la noche buena en compañía de la familia, para escuchar todo lo que tuvieran que contarles. 

Los años pasaron y con ellos los hermanos de Cándida también partieron, poco a poco fueron olvidándose de volver al pueblo; hasta que llegó el día en que sólo los veía en las fotos que sus hermanos le enviaban a la mamá. La única que siempre volvía, aunque fuera unos días era Linda, la hermana mayor de Cándida.  

Cada vez que Linda volvía al pueblo era por pocos días, porque su señor, así le decía Linda a su marido, la ocupaba de regreso pronto. Y así era año tras año, hasta que una vez Linda ya no dejó otra vez el pueblo, y volvió a su vida de antes, a ser la hija de don Rómulo Hernández, y la hermana de la crédula Cándida. Una mañana, Cándida apenas abría los ojos al sol, cuando notó que Linda la miraba desde la puerta y entonces le dijo: 

-Ay, Candi, roncas como un oso.

-¿Y tú cómo sabes cómo ronca un oso? Nunca haz visto uno tan siquiera.

-No, pero me imagino, porque así mismo roncaba mi señor, cada noche era una lata, siempre a ronca y ronca. Una vez, de tan fuerte que roncó me desperté pensando que en vez de estar con mi marido, estaba yo junto a un osote. Ten cuidado Candi, no le vaya a pasar a tu señor como a mí con el mío, que de tanta roncadera me cansó.

-¿Por eso ya no volviste dónde él?

-Si, por eso. Le respondió su hermana, para no entrar en más detalles. 

Con la idea del oso roncando se quedo Cándida Hernández ese día, y los que de vida le quedaron. La historia de Linda fue razón suficiente para que Cándida no intentará conciliar el sueño otra vez. Se acostumbro con los años a despertar sobresaltada cada vez que estaba a punto de quedarse profundamente dormida. Aprendió Cándida a vencer cualquier tipo de cansancio y a no dejarse llevar por la tentación del placentero sueño.  

Durante mucho tiempo se convirtió en veladora del sueño ajeno. Del de su hermana Linda, con quien para su desgracia compartía la cama. Y quien además se daba el lujo de dormir a pierna suelta. Al paso de los años aprendió a velar también el de su marido, sorprendida de que siendo un hombre tan grande como un oso, durmiera tan placida y profundamente como un bebé, sin hacer siquiera un suspiro, menos aun un ronquido ¿Cómo iba a  permitirse entonces ella el sueño profundo? Si su marido la escuchaba roncar como un oso, seguro saltaría a mitad de la noche entre los cerros y se perdería en la inmensidad que había detrás de ellos, para no volver jamás.  

 Cuando nacieron los hijos, cuatro, varones todos Cándida encontró el pretexto ideal para distraer los pocos minutos que de descanso nocturno se permitía, no fuera a darse el caso que su ronquido de oso asustara a los niños y se quedaran pasmados del susto. Como le ocurrió al hijo de Elvia, su amiga de la infancia, que desde que lo persiguió una cabra loca, nunca más volvió a hablar. O eso le dijeron a Cándida, porque nunca lo supo de boca de su amiga, Elvia y su familia dejaron Tortugas después del susto. 

Con cada alumbramiento, Cándida lucía más cansada, avejentada y desencantada que con el anterior: - ¿Y cómo no?, decían en el pueblo, si el malhombre ese ni descansar la deja, apenas cumplió Candi la cuarentena, cuando ya la tiene de encargo otra vez. 

Con veinte años mal comidos y mal dormidos, cuatro hijos pequeños, un marido malhombre, y la creencia de todo. Llegó el día en que Candi no pudo seguir sin dormir, y después de haber cocido frijoles, bañado a los niños, echado tortillas, y pastado a las vacas, se entregó Cándida al sueño más feliz y cálido de su vida, pero también al más largo. La crédula Cándida, ya no despertó.

Renuncio a ser únicamente aquello que tú demandas.

Renuncio a malgastar los años que me queden viviendo tú vida por la mía.

Renuncio a esperar cada día por ti, sentada aquí, mientras la vida se cansa de aguardarme.

Renuncio a seguir siendo la promesa que nunca llegará a realizarse.

Renuncio a ser sólo tuya y continuar despojándome.

Renuncio al eterno lamento de esta vida sin mí.

Renuncio a mi carácter de objeto que decora tu entorno.

Renuncio a seguir siendo este fantasma en quien me he convertido.

Renuncio a ser siempre tu madre y nunca mujer… 

A partir de hoy y para siempre seré más mía que de nadie.

Cantaré mientras viva, hablaré de arte, de amor, de cocina.

Andaré descalza por el camino que no te siga.Seré quien soy no quien pretendes. 

Porque me niego rotundamente a seguir siendo la promesa de otras vidas que no sean la mía.

 *AER*

201107 

Publicado en on Noviembre 21, 2007 at 3:07 am Comentarios (2)

Con toda la disciplina para escribir de la que carezco, esta es la tercera hoja en blanco a la que me enfrento en menos de media hora. Pero me obligo, me he traído a la fuerza hacia el estudio para sentarme a escribir.  Porque sé, siento, pienso que esto es lo que amo, lo que me da vida, lo que me apasiona y me satisface, pero a veces es tan sutil la inspiración que basta con mirar al gato acicalarse para que ésta me abandone y salga huyendo por al ventana. a arrojarse a los brazos de quien la espere y la aprecie como no sé hacerlo yo. Últimamente me ha estado rondando, coquetea conmigo. Me acaricia el rostro mientras voy en el autobús, justo entonces me digo: -Pendeja, dejaste tu libreta de notas sobre el escritorio, haber ahora como le haces. Tarde, encuentro alguna alma caritativa que me ofrece un volante y un lápiz para escribir; ella que se burla ya se ha ido. Me susurra indecorosamente al oído mientras duermo, y cuando con pesar abandono el cálido abrazo de mi cama, aquella ha dejado en su lugar una noche de insomnio y añoranza por el sueño inconcluso. Apenas ayer me arrastro seductora a salir de la ducha, escurriendo el cansancio de una tarde de locos. Después de haberme visto caer cuando resbalé en mi alcoba se alejo a carcajadas que dolían más que el golpe. Me trae vuelta loca, viene me provoca, me hace dejarlo todo por ir tras ella y cuando por fin he hallado el espacio y los medios propicios para nuestra comunión me abandona en el éxtasis de la sola idea de tenerla por un instante nada más. Irónicamente ahora esta aquí, haciéndome entender una vez más que no soy yo quien decide cuando, cómo o dónde ha de ser nuestro encuentro. Es ella, la única con capacidad para decidir el momento en el que usará mis manos, mi mente, mi alma y mi cuerpo entero para plasmar su sentir en mi papel…

 AER*261007*                  

Publicado en on Octubre 27, 2007 at 1:45 am Dejar un comentario

A tiempo…

Hace unos días me preguntaba:

¿Por qué justamente ahora? ¿Por qué tú? ¿Por qué a mí? 

Y hoy, mientras veo llover y trato de atrapar con las manosel humo que se escapa de tu cigarro encendido

y olvidado en el cenicero

me doy cuenta y bendigo la virtud de que el tiempo suceda así… 

…A tiempo, no antes, no después. Ahora, aquí. 

A tiempo, para tomarte de la mano.Para ir al cine, para platicar, para reírnos de la vida.Para no hacer planes. 

A tiempo, para decirte adiós,antes de que te  me enamores… 

AER*181007*

Publicado en on Octubre 19, 2007 at 2:17 am Dejar un comentario

De no haber llenado mi vida con tu ausencia me habría percatado de cuánto crecías. Pero no, preferí quedarme atada al recuerdo de ti, en el instante mismo en el que nuestras miradas se encontraron.Me distraje, y durante 450 sábados, desde que nuestra historia inicio, he extrañado al hombre que ya no eres. ¿Como puedo amarte por lo que no eres, por lo que no serás otra vez? Que perdida de tiempo la mía. Sólo imaginalo, te nombre el primer habitante de mi pasado, te perdí hace no sé cuanto tiempo (¿O me perdí yo?) y a pesar de tanto extrañarte no me atrevo a encontrarte de nuevo…

…Tal vez me da miedo conocer a quien ahora eres. 

Publicado en on Septiembre 12, 2007 at 7:36 pm Comentarios (1)

¿Lo escuchaste?

La mayor parte de la noche la pase en vela. Esperando.

Esperaba a que todo pasara, tal vez también esperaba que te dieras cuenta, pero no, estabas muy cansado. Y era de esperarse el viaje fue largo, el vuelo agotador.

Aunque me parece imposible que no lo oyeras, que ni cuenta te dieras de que el corazón me golpeaba el pecho exaltado de emoción por tenerte a mi costado.

Publicado en on Septiembre 8, 2007 at 7:24 pm Dejar un comentario