Esa fue la pregunta más díficil que me hicieron en el diplomado de Logoterapia que tomo en el trabajo. Y sin pensar la respuesta lo único que me salió de la garganta fue:
- Le llamaría…
Entonces mi encantador instructor me responde.
- Pues llámale…
Y así lo hice, le llamé. Las piernas me temblaban completitas, el corazón me golpeaba para salirse del pecho, en el estómago más de un millón de mariposas volaban entre el hueco.
Uno, dos tonos…
- Bueno…?
Clic, colgué.
Creo que después de todo no sólo es miedo, es pavor. Porque si en verdad no tuviese miedo la historia habría sido diferente, y en vez de colgar le habría dicho:
- Si no tuviera tanto miedo, te diría que me encantas, y que deseo más que otra cosa que me pase algo contigo ¿Y tú que harías si tampoco me tuvieras tanto miedo…?