Con toda la disciplina para escribir de la que carezco, esta es la tercera hoja en blanco a la que me enfrento en menos de media hora. Pero me obligo, me he traído a la fuerza hacia el estudio para sentarme a escribir. Porque sé, siento, pienso que esto es lo que amo, lo que me da vida, lo que me apasiona y me satisface, pero a veces es tan sutil la inspiración que basta con mirar al gato acicalarse para que ésta me abandone y salga huyendo por al ventana. a arrojarse a los brazos de quien la espere y la aprecie como no sé hacerlo yo. Últimamente me ha estado rondando, coquetea conmigo. Me acaricia el rostro mientras voy en el autobús, justo entonces me digo: -Pendeja, dejaste tu libreta de notas sobre el escritorio, haber ahora como le haces. Tarde, encuentro alguna alma caritativa que me ofrece un volante y un lápiz para escribir; ella que se burla ya se ha ido. Me susurra indecorosamente al oído mientras duermo, y cuando con pesar abandono el cálido abrazo de mi cama, aquella ha dejado en su lugar una noche de insomnio y añoranza por el sueño inconcluso. Apenas ayer me arrastro seductora a salir de la ducha, escurriendo el cansancio de una tarde de locos. Después de haberme visto caer cuando resbalé en mi alcoba se alejo a carcajadas que dolían más que el golpe. Me trae vuelta loca, viene me provoca, me hace dejarlo todo por ir tras ella y cuando por fin he hallado el espacio y los medios propicios para nuestra comunión me abandona en el éxtasis de la sola idea de tenerla por un instante nada más. Irónicamente ahora esta aquí, haciéndome entender una vez más que no soy yo quien decide cuando, cómo o dónde ha de ser nuestro encuentro. Es ella, la única con capacidad para decidir el momento en el que usará mis manos, mi mente, mi alma y mi cuerpo entero para plasmar su sentir en mi papel…
AER*261007*